El 15 de septiembre de 1869, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se realizó en el país el primer censo en la Argentina. Los resultados fueron publicados tres años después: había 1047 curanderos y 70 arquitectos, contabilizaba a “dementes, cretinos, estúpidos” -también a los sordomudos y a los ciegos-, en el territorio se repartía un habitante cada dos mil kilómetros cuadrados, vivían en el país 1.877.490 personas. Pasaron 55.762 días -más de un siglo y medio- y otros nueve relevamientos. El undécimo censo de la historia argentina ya está en curso. Tiene un nombre más protocolar -Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas- y es el primero que combina dos modalidades: digital y presencial.
Un censo es, según la propia definición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el organismo encargado de coordinarlo, un recuento de personas, hogares y viviendas en un momento determinado en el territorio nacional. Su propósito es “cuantificar y caracterizar los hogares, las viviendas y la población del país. “Se podrá saber cuántos somos, cómo somos y cómo vivimos. Los censos son la herramienta que permite planificar a largo plazo hacia dónde queremos ir como país”, describió el director del Indec, Marco Lavagna.
La normativa dice que el Día del Censo deberán permanecer prohibidas hasta las ocho de la noche “las funciones teatrales, exhibiciones cinematográficas, competencias deportivas y en general toda clase de espectáculos y reuniones públicas al aire libre o en recintos cubiertos, los restaurantes, confiterías, casas de expendio de bebidas y similares, rotiserías, panaderías y en general todo comercio de venta de artículos alimenticios y de bebidas y clubes”. Quedan afectadas todas las actividades comerciales, los shoppings, los supermercados, los bancos. El transporte público respetará un cronograma de feriado.







